jueves, 23 de diciembre de 2010

América Latina: Buena y Mala Cultura



LA BUENA Y LA MALA CULTURA DE LATINOAMÉRICA
Por José Luis Cordeiro


La "buena" cultura latinoamericana es conocida y reconocida alrededor del mundo entero. La arquitectura, escultura, pintura, música, danza, fiestas, literatura, cine, drama, arte, bebida, gastronomía y deporte, por ejemplo, son internacionalmente conocidos.

Solo EUA, entre las tres potencias ricas actuales, ha logrado proyectar algunas manifestaciones de su cultura más que Latinoamérica. La cultura europea, según quien haga referencia escasamente alcanza el mismo nivel internacional de la cultura latinoamericana actual. Y la cultura japonesa es apenas conocida fuera de Japón. Más europeos y japoneses conocen las obras de Isabel Allende, Jorge Amado, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa que las de sus propios autores. Mario Vargas Llosa explica que la cultura latinoamericana es de "creadores" y no de "primitivos", y Octavio Paz comenta que los latinoamericanos son "contemporáneos del resto del mundo".

Igualmente conocidos por todo el mundo son la música mariachi, la salsa, el samba y el tango. Irónicamente, grupos musicales japoneses se han hecho famosos copiando la salsa y el samba al igual que algunos europeos imitaron el tango. Las telenovelas como Pantanal de Brasil, El derecho de Nacer y Los Ricos También Lloran de México, Simplemente María de Perú y Cristal de Venezuela no sólo han sido éxitos por toda la región sino además causaron sensación en Asia,

Canadá, EUA y Europa. A diferencia de las telenovelas Dallas y Falcon Crest de EUA, por ejemplo, las telenovelas latinoamericanas han logrado cautivar mejor a sus televidentes por sus historias más relacionadas con la vida diaria de las personas. El cine latinoamericano también ha sido mundialmente reconocido por obras como la argentina Quilombo, la brasileña El beso de la Mujer Araña, la cubana Fresa y chocolate, la mexicana Como Agua para Chocolate y la venezolana Oriana. El "éxito mundial" de latinoamérica se hace también presente en muchas otras áreas de la cultura como son el arte, la bebida, la comida y el deporte. Por otro lado, las tres potencias pobres actuales (china, India y Rusia) no han sido muy exitosas hasta el presente "exportando" su cultura. Excepto por unas pocas manifestaciones culturales, los chinos, indios y rusos son escasamente conocidos fuera de sus respectivas comunidades. Aún peor es la proyección cultural en el mundo de las regiones más pobres de África sub-Sahariana, Asia del Sureste y el Medio Oriente.

A nivel internacional, Latinoamérica tiene realmente una buena presencia cultural en los momentos actuales. La región es conocida no sólo por sus logros presentes sino también por su cultura pasada. La UNESCO ha reconocido en Latinoamérica más de medio centenar de lugares históricos, culturales y naturales como "patrimonio de la humanidad". Entre los merecidos sitios que han recibido este reconocimiento se encuentran las misiones jesuitas guaraníes en Argentina, Brasil y Uruguay; las ciudades de Sucre (Chuquisaca/Charcas/La Plata) y Potosí en Bolivia, las ciudades de Brasília, Salvador de Bahía, Olinda y Ouro Prêto Además del Santurario del Bom Jesus de Congonhas en Brasil; el puerto, fortaleza y monumentos de Cartagena de Indias en Colombia; la ciudad vieja de La Habana además de Trinidad y el Valle de los Ingenios en Cuba; el casco colonial de Quito en Ecuador; las zonas arqueológicas de Quiriguá y Tikal además de la ciudad de antigua en Guatemala; la Ciudadela, Sans Souci y Ramiers en Haití; las ruinas de Copán en Honduras; las ciudades históricas de Guanajuato, México y Xochimilco, Morelia, Oaxaca y Puebla junto con las ruinas de Chichén Itzá, Monte Albán, Palenque y Teotihuacán en México; las fortificaciones de Portobelo y San Lorenzo en Panamá; la ciudad vieja de Cusco, el centro histórico de Lima, el conjunto conventual de San Francisco de Lima y las zonas arqueológicas de Chanchán, Chavín de Huantar, Nazca y Machu Pichu en Perú; la fortaleza y sitio histórico de San Juan de Puerto Rico; y la ciudad histórica de Coro en Venezuela.

No hay duda de que la "buena" cultura latinoamericana es una ventaja competitiva de la región en el mundo. Sin embargo, la "mala" cultura latinoamericana no sólo es razón de Vergüenza internacional sino causa de enormes problemas sociales.

Algunos problemas son relativamente antiguos, como el machismo, la "viveza latina" y la baja autoestima, pero otros como la desigualdad y la violencia generalizada son de aparición mucho más reciente. Es difícil describir la desigualdad y la violencia como rasgos culturales pues son más bien destructores de cultura: sin embargo, sí es posible tratarlos como facetas socio-culturales de carácter nefasto.

El machismo ya ha pasado como palabra aceptada en muchos otros idiomas del mundo. Su identificación es inequívoca con Iberoamérica, pero mientras España y Portugal están avanzando dejándola atrás, desde México a Argentina persiste como una realidad. En Brasil es la causa de la muerte espectacular de muchas mujeres. La "viveza latina" es también la causa del abuso comunitario de muchas de las leyes, escritas y no escritas, del orden público. La "viveza" de cada persona resulta en el desorde social. Acciones tan sencillas como saltar a los que están delante de uno en una cola (colarse o colearse) hasta "contactarse" con alguien conocido para adelantarse a otros termina afectando negativamente a toda la sociedad. Después de todo, las leyes se hacen para seguirlas no para esquivarlas. Otro gran problema es la baja autoestima actual de muchos de los latinoamericanos. Sin entrar en las razones del presente problema, es evidente que para superar los problemas actuales y mantener un desarrollo sostenido es necesario aumentar la autoestima y redescubrir los valores culturales regionales. Esto fue lo que hizo un país tan pobre como Corea del Sur después de haber sido totalmente destrozado por una enorme guerra civil y siglos de dominación cultural chino-japonesa. Los coreanos supieron redescubrir sus valores y pasar de ser más pobres que el país más pobre latinoamericano, Haití, a ser más ricos que el Estado más rico de la región, Puerto Rico. Lo más impresionante de ese logro fue que los coreanos lo consiguieron en una sola generación: en 25 años los coreanos pasaron de ser más pobres que los haitianos a ser más ricos que los portorriqueños.

La desigualdad y violencia latinoamericana son procesos relativamente recientes y consecuencias directas de la hiperpobreza generalizada. La Mega Depresión de la deuda empeoró aún mucho más la situación. La salida masiva de capitales de la región, tanto de los extranjeros como de los latinoamericanos más ricos, dejó a la mayor parte de la población sin el dinero necesario para invertir en el crecimiento. Obviamente la culpa no es directamente de los extranjeros o latinoamericanos ricos, que hubieran preferido dejar su capital aquí bajo condiciones de estabilidad y legitimidad y así obtener mayores tasas de retorno, sino de las terribles políticas gubernamentales que sólo propiciaron la zozobra económica y social. La culpa es evidentemente de la falta de consenso social además de las manipulaciones de líderes populistas. En otras palabras los mismos pobres latinoamericanos son culpables de sus condiciones actuales al permitir ser manejados por caudillos que en realidad sólo buscaban su propio interés. La falta de educación de las masas es la culpable más directa de su tragedia.

Latinoamérica presenta actualmente los niveles más altos de desigualdad y violencia en el mundo. A pesar de que otros países como Nigeria y Zaire en África y las Filipinas en Asia tienen niveles de iniquidad y crimen peores que Costa Rica y Chile, por ejemplo, la realidad es que la sociedad latinoamericana entera se ha convertido en una sociedad mucho más violenta que las africanas y asiáticas. Regresar a una mayor igualdad y a una menor violencia es ahora el reto social principal. Una decisión de consenso tanto a nivel nacional como regional es necesaria para ello.

Latinoamérica ya ha pasado por varias revoluciones en los últimos milenios. Durante las primeras cuatro no sólo inventó la agricultura sino que alcanzó crear dos de las mayores civilizaciones clásicas de la humanidad. Todos esos logros ocurrieron independientemente de los conflictos que azotaban el entonces Antiguo Mundo. En la quinta revolución, el encuentro, la sociedad latinoamericana experimentó el mayor choque social y cultural que haya conocido la humanidad. El resultado ha sido, como describe Jorge Amado, una mezcla con "un color, un sonido, una imagen nueva, original". Esa sociedad nueva y original progresó y alcanzó su independencia, durante la sexta revolución, que lamentablemente terminó en su desintegración regional y la reducción de su importancia internacional. Ahora, en la séptima revolución, la integración, los latinoamericanos no están solos ni aislados. Ahora hay diferentes experiencias regionales y ayudas mutuas, dentro y fuera de Latinoamérica, que beneficiarían enormemente un desarrollo integrado y que permitirían alcanzar la posición de potencia internacional. Las tres potencias ricas actuales también estarían interesadas en colaborar con Latinoamérica. Está en el propio interés de EUA, Japón y la Unión Europea. Pero los mismos latinoamericanos tienen que decidir en consenso como salir de la hiperpobreza para entrar al mundo de las sociedades ricas del futuro. Hace falta un consenso social y un liderazgo efectivo que beneficie a todos. La educación y la integración son las vías de esa solución.



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Tomado de "El desafío Latinoamericano" McGraw-Hill Interamericana, 1995.

Programa Barsa Society - Informateca.

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