jueves, 23 de diciembre de 2010

La nueva novela Latinoamericana


La nueva novela Latinoamericana

Nivel estructural de la novela:

Se modifica la estructura lineal de la novela tradicional, basada en la relación de causa y efecto, en tres aspecto:

El narrador. Deja ser un narrador absoluto, que todo lo sabe, para convertirse en testigo narrador-protagonista que ignora el comportamiento de los personajes

El tiempo. No es cronológico; se fragmenta en múltiples planos y desarticula el orden temporal. La novela tradicional utilizaba el transcurrir del tiempo para situar en él lo que acontecía a los personajes durante el desarrollo de los hechos narrados. La novela vanguardista adopta las técnicas de simultaneidad de los distintos tiempos con lo cual rompe los límites entre el pasado, el presente y el futuro

El personaje. Esta visto por el narrador desde adentro. La psicología del personaje se revela ante el lector mediante la presentación de lo que se denomina “fluir de la conciencia”. Este soliloquio subjetivo sustituye a la comprensión del narrador absoluto de la novela tradicional que explicaba cuál era la psicología del personaje. En el monólogo interior el novelista utiliza la técnica de presentar los sentimientos de sus personajes. Su actitud, sin embargo, no es la de un psicólogo sino la de un mediador que se identifica con el personaje y deja que éste hable en primera persona dentro de su mente

Hacer entrar todo en la novela

Mi novela carece de tema. Sí, ya lo sé; parece estúpido que yo diga eso. Pongamos, si lo prefieres, que no tendrá un tema... “Un trozo de vida”, decía la escuela naturalista. El gran defecto de esa escuela es cortar su trozo siempre en el mismo sentido; en el sentido del tiempo, en amplitud. ¿Por qué en amplitud? ¿O en profundidad? Para mí, me gustaría no cortar del todo. Compréndame: quería hacer entrar todo en esa novela. Nada de golpe de cincel para fijar, en una parte más que en otra, sus sustancias. Desde hace más de un año que trabajo en ella, no me ocurre nada que no vierta en ella: todo lo que veo, todo lo que sé, todo lo que me enseña la vida de los otros y la mía...

GIDE, André. “Los monederos falsos”. Edit. Gallimard, Paris, 1925

La libertad del personaje en la novela moderna

Si sospecho que las acciones futuras del héroe (personaje) están fijadas con anterioridad por la herencia, las influencias sociales  o algún otro mecanismo, mi tiempo refluye sobre mí mismo; sólo quedo yo, que leo, que duro, frente a un libro inmóvil. ¿Quiere usted que sus personajes vivan? Hagan que sean libres. No se trata de definir, y menos aún de explicar (en novela los mejores análisis psicológicos apestan como la muerte), sino de presentar unas pasiones y unos actos imprevisibles. Lo que va a hacer Rogojine, no lo sabemos ni él, ni yo...

SARTRE, Jean Paul. “Situaciones”, tomo I, 1947

Los novelistas del vanguardismo y las direcciones generales

Los novelistas que aparecen con la escuela de vanguardia a partir de 1930, producen una ruptura en la tradición realista, documental y regionalista de la novela anterior. El criollismo, que se mantiene como una constante, no esta limitado al hombre rural, sino a un hombre americano de rasgos universales. A veces surgen los personajes en escenarios locales, pero los conflictos profundos del individuo en un terreno más abstracto, hecho de especulaciones intelectuales, metafísicas o sociales, elevada a la categoría del mito, símbolo o interpretación de la crisis social que expresan las contradicciones de la existencia en el mundo actual

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